27 octubre 2009

Calles de barrio

Hace años, en una esquina pegada a la calle Francos Rodríguez, había una frase escrita en una pared semiderruida:

"Amor mío, no hay palabras"

Las letras estaban casi borradas por el paso del tiempo cuando unos jóvenes las repasaron con pintura nueva. Fue un homenaje al anónimo amante. Cuán afortunado consideré siempre a su destinatario de esas palabras.

De vez en cuando paseo por esa parte de la ciudad, el barrio de Estrecho, en el distrito de Tetuán de nuestra capital. La calle Francos Rodríguez corre desde la Dehesa de la Villa hasta Bravo Murillo. y en cada una de sus esquinas he vivido muchas alegrías y alguna pena. Un lugar hermoso, como todos en los que dejamos guardado un trocito de nuestra adolescencia.

Será que soy un poco simple, pero aquélla tapia desconchada me parecía un monumento de más importancia que muchas estatuas erigidas con pompa y orquesta o que los trozacos de hierro que pueblan las rotondas de mi actual vecindario.

8 comentarios:

  1. Pues si que tenemos cosas en común tú y yo además de la de ser vecinos en la actualidad. :)

    Parece que también éramos vecinos en la adolescencia.

    Con otro nick, pero sigo siendo la misma de siempre. :p

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  2. ya te tengo identificada, mujer ninja.

    Realmente no viví en Estrecho, pero sí fui allí al instituto. El tiempo ha pasado, pero para mí Francos Rodríguez siempre será la calle que iba desde "Artimueble" a "Oxford" pasando por "La Pampa".

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  3. Yáñez2:20 a. m.

    Zorro-Lobo, la frase le viene al pelo al nombre de la calle, pues su nombre peridístico era Juan Palomo, y si dices "Amor mío, no hay palabras" eres como Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como, por lo tanto se puede deducir que esa frase la escribió un pajillero, de ahí que fuera anónimo y el monumento que tú ves está dedicado al placer y al gustito individual de muchos jóvenes de tu quinta y sobre todo de la mía.

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  4. tu romanticismo me abruma, querido portugués.

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  5. Pues esa calle es importante también para mí; en el número 83 estaba la casa de mis abuelos paternos. Era una casa muy visitada en mi niñez. Recuerdo que estaba como hechizado por los intensos ojos azules de mi abuela palentina, que me impresionaba de niño por su porte y su pelo blanco.

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  6. No es simple... o si, es tan simple como algo que está hecho con magia... con la magia de los sentimientos.
    A mí también me maravillan cosas así... Suerte nosotros, que nuestros ojos son capaces de ver la belleza en esas pequeñas cosas.

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  7. No es simple... o si, es tan simple como algo que está hecho con magia... con la magia de los sentimientos.
    A mí también me maravillan cosas así... Suerte nosotros, que nuestros ojos son capaces de ver la belleza en esas pequeñas cosas.

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  8. Y además, Carlos, conoces a quien la repintó, que fue mi hermano, una madrugada, a base de brocha y paciencia (que no se usaban los sprays en esa época...).
    ¿lo sabías ya???
    Una pena cuando derribaron ese muro, pero tenemos fotos...

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