02 febrero 2007


La educación moderna

Hace años oí el cuento de un chaval un poco cabrón que dedicaba su vida a fastidiar la de los demás. Un día su padre le cogió por banda y le convenció para que hiciera lo siguiente:

"mira hijo, ya que no puedes controlar tu carácter, hazme caso sólo en una cosa".

El padre le mostró al puerta de la casa y un montón de clavos y le dijo: "cada vez que hagas daño a alguien ven a la puerta y clava un clavo".

El chico empezó su tarea a regañadientes y de mala gana, pero meses más tarde, algo había cambiado. Poco a poco, iba pensando menos en él mismo y más en la puerta, cada día más saturada de clavos.
Llegó una semana en la que no clavó nada, y satisfecho, fue a contárselo a su padre. Éste miró primero a la puerta, y luego a su hijo, y le hizo un nuevo mandamiento:

"vamos a tratar de volver atrás. Ahora, cada vez que hagas algo por los demás dejando de lado tu interés, saca un clavo del portón". El chico tomo con brío su nueva tarea y se concentró en sacar los clavos lo antes posible. En poco tiempo orgulloso, mostró a su padre la puerta limpia de metal.

El hombre, pensativo, miraba a la puerta, triste pero a la vez, satisfecho del cambio operado en su hijo. “¿por qué estás serio, padre? ¡He sacado todos los clavos!” “Hijo, has hecho un buen trabajo, pero mejor hubiera sido que la puerta nunca hubiese sufrido las puntadas de los clavos. Mírala y fíjate que está agujereada y herida, como la confianza de aquellos a los que hiciste daño”

¿Qué, habéis aprendido algo?

4 comentarios:

  1. pasaba por aquí9:49 a. m.

    Yo sí, que son mucho mejor las puertas metálicas!!!!!

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  2. jua, jua, jua, cuando simpatizabas con los okupas del barrio no opinabas lo mismo, eh! Debe ser jodido derribar una puerta de acero a hostias.

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  3. Es usted el libro de Petete :)

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  4. quizá tengo una vocación frustrada de maestrillo de pueblo

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