23 octubre 2008

Museos

leo en el blog del Sr. Tuerto que va a dedicar unos diez días a visitar el Louvre. (¿será cabrón, el tío?, pienso) y me muero de envidia, porque me encanta pasear por los museos, entrar un rato, salir otro, pasear alrededor, mirar a los turistas, casi todos con prisa, gozar de mis obras favoritas, descubrir las que no conozco y o las que quizá vi y ya he olvidado. Hay obras que he visto decenas de veces y sin embargo cada vez descubro un detalle distinto (debe ser que no soy muy observador) y eso me encanta.

Disfruto de los museos de forma casual. Voy cuando quiero y salgo, también cuando me apetece. porque eso de ir a un museo obligado debe de ser terrible. Imagino el típico plan turista de esperar la apertura de los Ufizzi a las 8 de la mañana sin que le guste a uno el Arte y me dan ganas de no volver a salir de España. Mira que tiene que ser duro para quien no adora a Botticelli o ansía ver la Batalla de San Romano. Y no te digo el planazo de perder un día de tu escasa semana neoyorquina pululando por las macrosalas del Metropolitan.

Ya le he dicho al Sr. Tuerto que dé recuerdos míos a la Libertad de Delacroix y a la Victoria de Samotracia (uff, como me ponen las mujeres que viven en ese museo). Incluso le he mandado un recado al Escriba ( no debió ser muy simpático en vida, pero hay que reconocerle unos huevos por seguir sentado con la que está cayendo ..., vamos que no se levanta ni para ligar con las chavalas citada ). Eso sí, fíjate con qué ojos les mira, oye ...