06 marzo 2009

¿Solidaridad, o ingenuidad?

os pregunto ¿cuál ha de ser nuestra actitud ante los desconocidos que piden nuestra ayuda económica?. Por ejemplo, ante personas que venden "La Farola" en la calle, o ante los que nos quiere vender unos pañuelos en el semáforo, o en otra dimensión ante los hambrientos que nos miran desde algún ignoto país africano a través de la pantalla de TV. Daos cuenta de hablamos de gente que no conocemos y por tanto, al ayudarles hacemos un acto de fe creyendo que realmente necesitan nuestra ayuda.

Es difícil responder ¿no? Yo veo que en mi entorno la gente está muy desengañada. Hay personas que harían lo que fuera por alguien cercano pero que ya no se fían de lo que no conocen. No siempre pensaron así, pero la vida abre muchos ojos a palo limpio, y a veces cuando más abrimos los ojos más cerramos las manos. Les puedo entender, pero aún no comparto su fatalismo.

Para mí, un tío que vende pañuelos en el semáforo es un necesitado que se juega el tipo entre los coches. Un yonqui que mendiga en el metro es un pobre tipo a quien nuestra indiferencia ya no hace ni daño, pero quizá sí nuestro desprecio. Y las ONG´s son organizaciones que cubren la brecha que la avaricia occidental ha creado entre dos mundos. No soy ciego, sé que a veces el del semáforo se gastará la recaudación en whisky, el yonki puede ser el mismo que luego me robe en una esquina y la ONG puede estar dirigida por un estafador que se lo lleva crudo.

Así que, de momento, prefiero formar en las filas de los que abren la cartera sin preguntar. Me siento orgulloso de ver los logos de las ONG´s con las que colaboro en medio de los campos arrasados de África, Sudamérica y Asia, pero aún más cuando esos campos cambian de aspecto graciaa a nuestra ayuda. Y quizá cambie de idea, con el tiempo y unos cuantos golpes, pero aún tengo la suficiente confianza en la gente para agradecer la sonrisa del tipo del semáforo, sin preguntarme si sonríe por gratitud o porque ya está paladeando un trago de whisky a mi salud.

13 comentarios:

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  3. Zorro, también es cierto que ser desconfiado no te exime de ser solidario. Hay mil maneras de investigar las distintas ONG para ver en realidad en que se gastan el dinero. Como regla, no dones a aquellas que no tengan sus cuentas abiertas al público.

    En cualquier lugar, me gustaría añadir a tu entrada una llamada de atención. Estamos pasando momentos muy difíciles a nivel económico, momentos que mas pronto que tarde nos afectarán directamente - amigos, familiares, nosotros perdiendo el trabajo, etc.

    No olvidemos que todavía somos del grupo de los afortunados, del grupo que tiene problemas para bajar peso porque come demasiado, del grupo que gasta en vez de pedir. Estos son tiempos para recortar gastos, son tiempos para apretarse el cinturón. No dejemos que la ayuda solidaria sea uno de esos gastos que se esfuman.

    Estos son tiempos difíciles, si, tiempos en los que más que nunca nuestra pequeña contribución va a hacer una diferencia.

    Un abrazo,

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  4. Soy desconfiada. Y no con el señor de los pañuelos, sino con el señor de la Ong. Me revienta que cuatro desgraciados hayan hecho tan mala prensa, pero sus casos han mostrado que la mezquindad también llega ahí. Por suerte, cerca de mi entorno hay gente a la que conozco, de la que me fío, y que trabaja en proyectos, por ahora, en África. Son organizaciones muy pequeñitas, que dan pasos muy cortos, pero sé que el dinero llega y que en infraestructuras se queda. Es una vía intermedia.

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  5. yo también prefiero tranquilizar mi conciencia. Pero no vale, no. Creo que el Estado debería preoteger más a los marginados, garantizar la dignidad de la vida humana con los impuestos que la propia sociedad genera. Pero no todo el mundo piensa así. Algunos, los de siempre, prefieren que los marginados de nuestra sociedad sigan viviendo de la caridad cristiana.

    Cada vez que veo un marginado me cabreo. Es increíble que estemos discutiendo sobre inversiones públicas faraónicas, sobre caídas de consumo de lo más superficial, etc, mientras el Estado no es capaz de garantizar comida, atención médica y techo a los que esa propia sociedad ha marginado.

    Salud!

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  6. Pues es cierto, veo que te adelantaste con el tema.

    La verdad es que muchas veces es complicado saber quién lo hace realmente por necesidad, y quien no. Es una pena porque los pícaros fastidian a los que realmente se lo merecen.

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  7. pasaba por aquí10:42 a. m.

    Zorro,
    tocaste un tema complejo y difícil..... dejé de creer y colaborar....y no encuentro los argumentos ni los motivos para volver a creer en estos temas, y me gustaría...espero algún día encontrarlo.

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  8. Yo creo que una persona que pide dinero o que pasa todo el día en la calle vendiendo pañuelos o estampitas es porque de verdad lo necesita. Aunque el discurso de "tengo sida y mi hijo está enfermo" sea mentira. Es más: ojalá sea mentira.

    El problema es que si yo le diera dinero a cada una de esas personas, muy pronto me quedaría yo sin dinero.
    Es un círculo vicioso.

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  9. Pues mira yo no se si el que vende pañuelos luego se lo gasta en vino, si es así pues que se lo beba a mi salud.
    Soy de tu opinión aunque tambien se que algunas veces actuo en provecho propio , para tranquilizar mi conciencia, lo que me crea peor conciencia todavia ..
    Besos

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  10. pues os animo a todos a dejar de lado los prejuicios acumulados. Mente en blanco ya. Ahora, en estos momentos difíciles para los que menos tienen, es cuando las palabras igualdad, solidaridad, generosidad, ganan sentido.
    NO dejéis eso de ser de izquierdas al emitir el voto cada cuatro años. Un socialista no es un tío que vota al PSOE, sino alguien que cede parte de su riqueza a otros.

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  11. Y para los de derechas ..., la derecha tradicional y cristiana siempre ha estado en primera línea de acción contra la pobreza. Intermón, Caritas, son imprescindibles en esa lucha. Lamentablemente la derecha moderna, la que ahora llaman "liberal" no cree en la redistribución de la riqueza nada más que entre unos pocos. ¡Luchad contra ello! Otra derecha es posible.

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  12. Anónimo9:59 p. m.

    Había un africano en Goya, creo recordar que de Kenya. Vendía la Farola.
    Me acerqué a él, me presenté, le pregunté su nombre, le dí la mano y dos besos. Jamás olvidaré sus ojos nublados de emoción, de agradecimiento. No estaba acostumbrado a tanta "amabilidad". Nunca le compré la Farola. Siempre le daba un euro. Y sus ojos se iluminaban no tanto por el euro, sino por el saludo cordial.

    He trabajado en O.N.G,s, recopilando mantas, recaudando fondos, zapatos, comida, potitos para bebés hambrientos, y siempre, siempre tuve la certeza de mi vergüenza: sigo comprando mis "modelitos y mis cremitas", como si fueran algo vital, mientras tantos pasan frío y hambre.

    Y no sólo ocurre con los seres humanos, sino también con animales.

    Es atroz cómo ignoramos y maltratamos a perros, gatos, y demás seres vivos que están ahí, sufriendo, muriendo por nuestro egoísmo y crueldad.

    No duermo tranquila, si abro los ojos veo mil caritas, mil ojitos, mil nuevas camadas, mil seres hambrientos y enfermos que pasan desapercibidos en nuestra sociedad por falta de empatía, o de amor.

    Pero ese es otro tema.

    En fin, qué triste. Sé que "hacer lo que pueda" no sólo es insuficiente, sino que además no es cierto. Mi conciencia me grita que podría hacer siempre, algo más.

    Y desde mi habitación escucho el maullido de un gato hambriento. Bajaré su cena, como cada noche, pero no puedo vacunarlo, esterilizarlo, encontrarle un hogar.

    Y si miro a los ojos a uno sólo de esos africanos, ¿cómo pasar de largo? . No puedo. Mi alma se desgarra.

    natalia.

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