12 febrero 2010

Bosques de hormigón

me gusta pasear por la ciudad y descubrir las decenas de lugares cuyos nombres evocan los tiempos en los que el campo cercaba la ciudad, y no al revés. Leer los nombres de calles y plazas trasladan la imaginación a otros tiempos, aquéllos en los que dicen que hasta había osos en Madrid.

Lástima que al abrir los ojos descubra que el paisaje sólo use colores gris y ocre, así que pienso que el paraje donde un día creció el Pinar de Chamartín pudiera haber sido mejor conocido como "Altas Torres" en homenaje al conglomerado de edificios de más de 15 pisos que componen hoy el abigarrado paisaje . No sé que pensarían los antiguos si oyeran que es una "zona residencial".


En el centro, la Calle del Arenal debería ser conocida como la "Calle de la Joy", pues todo el mundo conoce esa discoteca mientras la arena yace enterrada bajo varios metros de pavimento. De la Calle de las Huertas no hay mucho más que decir, a no ser que en las huertas del Madrid antiguo se cultivasen copas, claro.

Y aún hay casos peores, como el de la Cañada Real Galiana, rimbombante nombre para la actual "Travesía de la Droga", sede de camellos y marginados que no hubieran sido admitidos en Corte alguna y quizá siquiera en una cañada de aquéllas que servían como paso de ganado.

El caso es que la ciudad gana terreno con sus luces y sus miserias, mientras el campo ... se va. Sólo quedan en Madrid arroyos, pinares y fuentes para dar nombre a calles. Arroyo del Santo, Fuente del Berro, ¿cómo serían en su día?