12 octubre 2010

Desasosiego

Pasear entre las hileras de cruces de un cementerio militar y descubrir que delante de cada cruz figura la edad de un crío, deambular por los barracones de un campo de concentración intentando quitarme de la piel la atmósfera de horror, o contemplar las fotografías de la huida de miles de refugiados con sus particulares tragedias guardadas en sus miserables hatillos … todas estas experiencias me hacen más pequeño.

Siento un desasosiego brutal al estar en un sitio donde se asesinó a gente. Ahora son lugares de homenaje, custodiados y cuidados por personas que viven en los alrededores, hijos y nietos de los que estuvieron allí en los momentos del horror. Yo miro los rostros de esa gente tratando de adivinar qué sienten ellos, viviendo apenas a unos cientos de metros un pozo de muerte y siento que no soy muy diferente a ellos. Sospecho que de haber vivido entonces no hubiera tenido cojones para cambiar nada.

Vuelvo a mirar hacia las tumbas y me pregunto, cómo sería la cara de aquél soldado de 20 años que vino a morir a miles de kilómetros de casa ¿cómo hubiera sido su vejez? Quizá triste recordando la barbarie, o quizá alegre rodeado de la gente que ama y formando parte del paisaje de su ciudad o aldea … Da igual, cuando acabe de escribir este post me olvidaré de la mala hostia que me entra al publicarlo, y me iré a tomar una cerveza con los amigos del pueblo, a hablar de vanalidades mientras probablemente en algún lugar del mundo hoy se están cavando tumbas no tan bonitas ni ordenadas como las de Normandía, y estarán metiendo personas en mataderos y desde luego las colas de refugiados seguirán pintando el paisaje de miseria en algún sitio remoto … pero, mientras tanto, yo me quejaré de que la calidad de los pinchos en el bar no es la que era.

7 comentarios:

  1. Tuve una paciente hace años que era alemana, y su padre luchó en la segunda Guerra Mundial. La verdad es que ella era muy pequeña pero dice eso, que muchos alemanes miraron hacia otro lado porque tenían miedo, y lo entendí... No hay que ser tan duros con los civiles, muchas veces hacemos lo que podemos...

    Besicos

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  2. Hace tres años visité el cementerio de los americanos cerca de la playa de Omaha, en Normandía. Sentí la misma sensación, me vinieron a la mente las mismas preguntas, idénticas reflexiones que nunca tuvieron respuesta. Pero lo terrible, como dices, es que nuevas tumbas se están abriendo en el mundo, sobre las que casi no se pregunta nadie. Hemos convertido la catástrofe en normal y la destrucción del ser humano en un hecho asumido. Entonces, sí, entonces llega la mala hostia, la rabia y la impotencia, provocadas por la indiferencia que se observa alrededor. Y que me temo va a seguir in crescendo.

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  3. Cuando estuve en Bosnia-Herzegovina vi algunos cementerios donde había enterrados soldados de 16 a 20 años y me impresionó mucho.

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  4. Belén, este año estuve en Mathausen, nunca antes había estado en un campo de exterminio. Da miedo.

    la foto es de ese cementerio que citas, Fernando, y muy cerca hay varios más, de alemanes, británicos, etc ..., la mayoría casi adolescentes, lo que como dice Al Neri es lo que más me jode. Un hombre con 30 años puede elegir qué hacer, pero ¿un crío de 18?

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  5. Anónimo4:04 a. m.

    Esa es la miseria que nos proporcionan las guerras en las que nos meten, porque somos ciudadanos y nos llevan y eso quieras o no quieras, tengas 16 años ó 50, y si además los vencidos siguen siendo represaliados, lo mismo, a lo mejor puede que se dé que no sepas donde te tiene que poner tu cruz, como pasó en este país.
    Yáñez

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  6. No es un cementario.. pero algo que también impresiona es ver viejas trincheras de la guerra civil.

    Y más si están a más de 2.000 metros de altura en picos como Peña Rueda en Asturias.
    Te da que pensar.

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  7. Y mira, pondré un par de fotos de esas trincheras en mi blog.

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