
"Walking on thin ice" con Yoko Ono

La torre de Suso
Hoy he comido con un par de amigos en un buen restaurante de Madrid. Buena comida, buen vino y la estupenda sensación de no currar el viernes por la tarde han prestado el escenario ideal para la tertulia. Política, fútbol y otra vez política. Hemos pasado por el fútbol de puntillas pues todos somos madridistas y nos gusta el "jogo bonito". Poca discusión por tanto. Messi es un "crack" y punto pelota.
En el tema de la política las cosas cambian, pues tenemos tendencias políticas distintas, así que debate al canto. Me ha encantado hablar, discutir, dialogar, argumentar, convencer y ser convencido. Da gusto cuando se habla y no se grita, cuando las palabras son sinceras y las posturas limpias. Hoy me he reafirmado en que todo se puede arreglar hablando, si las partes quieren. Ellos me han hecho plantearme si lo que yo digo es correcto, me han hecho dudar de si lo que habitualmente veo como cierto lo es realmente. Espero haber conseguido lo mismo. Dos horas y media que se han ido volando. ¡Qué pena! Gracias amigos.
El tópico duró un día, el tiempo que tardó Aser en enseñarnos la ciudad y mostrarnos lo verdaderamente interesante de Nueva York: la gente. Edificios, parques, puentes, ríos, todo enorme, en una escala desconocida hasta ahora para mí, pero lo más grande, sin duda, la diversidad de personas que pueblan la capital de América. Vengo alucinado. Negros, orientales, latinos, nórdicos, grandes, pequeños, flacos, gordos (de éstos muchísimos) ... totalmente integrados con la ciudad hasta el punto de que nadie destaca en ella. La gente supersimpática y abierta, no sólo en los comercios, sino también en la calle.
Por el camino quedaron los paseos entre rascacielos por la Quinta Avenida con riesgo de sufrir esguince cervical o de que te pille un coche mientras miras embobado a las alturas, Central Park con sus corredores y grupos de gente jugando a los más diversos deportes, Greenwich Village con su ambiente bohemio y sus alquileres estratosféricos, el Soho con sus cientos de boutiques y sus miles de turistas en busca de la ganga, Wall Street con sus "white collars" comiendo sandwich entre sesión y sesión de Bolsa, el preceptivo (según las guías) barco hacia la Estatua de la Libertad y la Isla de Ellis, el recomendadísimo (según David y yo mismo) paseo hasta Brooklyn atravesando el magnífico puente que le une a Nueva York, la noche en Times Square, las cenas al aire libre en los restaurantes de Columbia ...
