03 septiembre 2018

El bosque que nos protege

A pesar de las evidencias de cambio climático que afectan a España, con veranos más largos y menos precipitaciones, es también un hecho que la masa forestal de nuestro país aumenta. ¿Cómo es posible?

Lo es, debido sobre todo a tres factores:
  1. El abandono de la agricultura y la ganadería extensiva, sobre todo en Castilla-León y Aragón donde incluso las aldeas desaparecen por falta de población. A causa de ello aumentan las superficies sin roturar, y el ganado vacuno y ovino que antes pastaba en los prados se produce ahora en explotaciones cerradas. La naturaleza se está rehaciendo allá donde las condiciones hostiles han desaparecido y la erosión no ha destruido el suelo (gran problema en otras regiones).
  2. La lucha contra el fuego. Hay menos fuego intencionado a causa de una mayor concienciación y de la acción administrativa que prohíbe el aprovechamiento urbanístico en zonas quemadas. Aun así, los incendios forestales siguen produciéndose, y son más intensos en lugares donde el bosque está "sucio", es decir, donde el matorral crece desatado durante la primavera y se convierte en yesca seca en verano. Curiosamente, no faltan expertos que creen que la ganadería extensiva en bosques consolidados sería una ayuda estimable para la prevención del fuego.
  3. La "forestación", entendida como una ayuda humana a la regeneración natural del bosque. Es fundamental en zonas desprovistas de bosque durante décadas, en las cuales la recuperación natural es muy lenta. En las últimas décadas, se ha hecho un fuerte esfuerzo desde administraciones y privados, bien por interés económico o bien por interés en la conservación del entorno.
En nuestro pueblo y alrededores se observa una creciente colonización de antiguos prados por árboles  autóctonos de hoja caduca, tales como fresnos y robles, así como arbustos como endrinos o majuelos. En las laderas de la montaña, siguen creciendo los pinos plantados por ICONA en los 60 y 70. A sus sombras, es satisfactorio ver como las laderas antes ocupadas por piornal recuperan ahora especies casi extintas, como el acebo, que progresa en las umbrías de los valles fluviales.

Acebos en cara Nordeste del valle del Río Viejo
Personalmente, sigo plantando árboles cada año: robles, encinas, endrinos, algún álamo. Es hermoso ver cómo crecen y cómo el campo está cada día más lleno y más hermoso.