20 octubre 2010

Constantino ¿el Grande?

es curioso cómo se puede vulnerar la Historia por el mero hecho de documentarse mucho. ¿Extraño? me explico: oyes en el colegio que tal o cuál fue un buen tipo y que hizo esto y lo otro, y uno se queda con la idea de que áquel sujeto fue la leche, que hubieras querido ser como él, que ojalá hubieran nacido más sujetos similares. Luego, andando el tiempo, en la Universidad, te dicen que sí, que efectivamente fue un buen tipo porque consiguió lo que quería, aunque fuese a costa de llevarse unos miles de personas por delante. Uff, ya empieza a dar vueltas la mosca detrás de la oreja.

Con el tiempo lees y contrastas, y descubres que te vas haciendo una idea propia sobre el personaje, mezclando claros y oscuros de muy diversas fuentes. He aquí andando los años un personaje muy distinto del que te explicaron en el colegio, o en la facultad o en cualquiera de los libros leídos.

Total que la imagen del personaje en cuestión ya nunca se parecerá a la que le daba el espejo, eso fijo, pero es que tampoco se parecerá a la que dan ninguno de los libros leídos. Y los que por mi boca averigüen algo sobre aquél señor recibirán a su vez una imagen sesgada del mismo. ¡Qué cosas!

Por poner un ejemplo, hablaremos de un señor romano, o bizantino, que en eso tampoco se ponen de acuerdo. Este señor se llamó Constantino , alias el Grande, y vivió del año 280 al 337. En el cole me dijeron que este señor había sido importante por haber sido el primer gobernante católico, y quien terminó con las persecuciones a los cristianos en Roma.

Durante mucho tiempo tuve una gran imagen del amigo Constantino, más aún cuando en la Universidad aprendí que sus reformas en las instituciones romanas restauraron el brillo del imperio. Lo malo es que desde entonces he leído que llegó al poder tras una guerra civil en la que no demostró precisamente su deportividad con los vencidos. También sé ahora que el caballero no era católico, ni siquiera está claro que fuera cristiano, y sí muy supersticioso. Con el papa de entonces no se llevó demasiado bien e incluso fue bautizado por un arriano, cuya herejía había sido condenada en el Concilio de Nicea unos años antes. Para terminar el cóctel, se dice, se cuenta, que el emperador, a Dios rogando pero con el mazo dando, mandó matar a su mujer Fausta por adulterio y a su hijo Crispo por rivalidad política.

¿Qué pensar de Constantino? chicos, ni idea, pero si llego a saber tanto de él cuando estaba en el cole, habría suspendido la asignatura. Seguro.

Hala, ya os he soltado el rollo. Me voy a dormir con la canción que me lleva rondando todo el día:

House of rising sun, con los Animals

2 comentarios:

  1. ¿Soy yo o te has dejado las notas de desarrollo del post puestas? ¿O qué es ese final de post?

    Un saludo!

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  2. ja, ja, pues sí, no me había dado cuenta de que lo había publicado ya.

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